Mucho se ha dicho a cerca de Jack el destripador, pero a casi 130 años de las trágicas muertes que se suscitaron en 1888 en East End, Londres, no se tiene la certeza de quién fue el autor de los atroces asesinatos, se han dado indicios y muchos fanáticos de la criminología siguen año con año solicitando el expediente sin resolver. En este epistolario se presentan dos de las múltiples cartas que el asesino serial envío a periódicos y autoridades dando cuenta de la crueldad y goce de sus fechorías.