El amaranto es una planta herbácea de la familia de la amarantáceas, que crece en climas tropicales o templados. Existen más de setenta especies distribuidas en todo el mundo; en nuestro país la especie más abundante es el Amaranthus hipocondriacus. 

Desde la época prehispánica el amaranto ha sido consumido como alimento, sin embargo, también fue empleado en las ceremonias religiosas. Los mexicas tenían a lo largo del año 18 fiestas religiosas, que iban acompañadas de ofrendas de comida, donde se usaba esta semilla.

En estas festividades, las mujeres se encargaban de moler el amaranto para elaborar esculturas de dioses con esta semilla; para, después ser consumidas en los centros ceremoniales. El amaranto, en este caso, cumplía, literalmente, como el cuerpo de los dioses.

En cuanto a su función como alimento, esta semilla formaba parte de la base nutritiva, junto con el maíz y el frijol; se consumía en atoles, tortillas, tamales y tzoallis, esferas elaboradas con masa de amaranto y miel de maguey. El amaranto posee diversas propiedades nutritivas, es una fuente rica en proteínas, es anticancerígeno y contiene aminoácidos esenciales, omega, ácido ascórbico, calcio y magnesio.

Con el objetivo de aprovechar al máximo la calidad nutritiva del amaranto así como sus características y propiedades tecnológicas, investigadores del Laboratorio de Nutracéuticos y Alimentos Funcionales de la Universidad Autónoma Metropolitana desarrollaron una técnica para la obtención de microcápsulas a partir del almidón de este pseudo-cereal. 

En esta emisión tenemos como invitado al doctor Jorge Soriano Santos, profesor investigador del Departamento de Biotecnología.