“Cancelación” o no, he ahí el dilema.

Escrito por Laura Martínez | 7 OCTUBRE 2020


Vivimos en un mundo en el cual el uso y manejo de Internet, así como de redes sociales, se ha vuelto indispensable. Cómo olvidar el trending topic que se convierte en el tema de cada día o cómo no sentir que vives en una cueva si no estás enterado del acontecimiento y de las referencias del momento… y bueno, ni hablar de las nuevas tendencias sociales como la “cultura de la cancelación”.

Para aquellos que no estén familiarizados con este término se menciona -en una de las tantas versiones sobre su origen- que nació en 2016 en la webserie, Joanne the Scammer, cuyo personaje central es el creado por el comediante y actor Branden Miller. En uno de los episodios, Joanne tiene una batalla contra una máquina de café expresso y al final “cancela” a toda la empresa.

En una entrevista realizada por The New York Times al  guionista del capítulo, Janson Richards, éste señaló que se utilizó el término en el episodio porque Miller lo mencionó varias veces en su programa. Richards comentó que lo “divertido” de la situación proviene “de lo inhumano que es”. Es decir, “cancelar” a una persona en este sentido es como cancelar una tarjeta de crédito, una cita o una reservación.

 

Otra de las versiones narra que el origen proviene del Black Twitter, un colectivo anidado en esta red social que se enfoca en temas de interés de la comunidad negra en los Estados Unidos, donde su uso comenzó a generalizarse y  trascendió a los temas raciales.  Por ejemplo, en 2017 fuimos testigos de la “cancelación” de figuras como Harvey Weistein y Kevin Spacey, a partir de las denuncias en su contra y la fuerza que tomó el movimiento #MeToo.

 

Pero ¿qué significa “cancelar”? Bueno, según Wikipedia -sí, vamos a recurrir a ella-, y las voces de críticos y analistas que reúne, “cancelar” es separarse de alguien por sus acciones, particularmente las que provienen de prácticas sociales que ya no están bien vistas. Esto ha llegado al ámbito colectivo que termina desencadenando la “cultura de la cancelación” que se define como un “fenómeno extendido de retirar el apoyo moral, financiero, digital y social a personas o entidades mediáticas consideradas inaceptables, generalmente como consecuencia de determinados comentarios o acciones,​ o por transgredir ciertas expectativas. Se ha definido como «una llamada a boicotear a alguien –usualmente una celebridad– que ha compartido una opinión cuestionable o impopular en los medios sociales”.

 

¿Y cómo se “cancela”? la respuesta es muy sencilla: sólo hay que dejar de seguir a esa persona en redes sociales. En una escala colectiva y dirigida a artistas, figuras públicas o políticos es dejar de consumir su contenido, es decir, evitar escuchar su música, ver sus películas o leer sus libros. En pocas palabras retiramos nuestra atención y, si lo traducimos a las dinámicas de las redes donde “la atención lo es todo”, los privamos de uno, o todos, de sus modos de ganarse la vida.

 

Este tipo de boicot cultural ha recibido tanto elogios como críticas, sus defensores argumentan que es “una manifestación de la ciudadanía a través de la tecnología” y ponen como ejemplo, regresando a los casos de Weinstein y Spacey, que la productora del primero se declaró en bancarrota en 2018, mientras que el segundo ya no participó en la última temporada de la serie House of Cards y fue eliminado de la película All the Money in the World,  del director Ridley Scott.

En cuanto a los detractores de este boicot, estos mencionan que el problema radica en que se pueden perder de vista los matices de cada caso filtrado a la luz pública,  convirtiendo  un acto de conciencia y expresión,  en uno de purismo y censura. 

 

El mundo de la música no se ha quedado atrás en cuanto a los casos de censura. Por ejemplo, en Chile se dio el caso de (Me llamo) Sebastián, quien al no dar una postura contundente y esperar el dictamen oficial sobre las acusaciones de acoso sexual en contra de su ex guitarrista, Pablo Gálvez, tuvo que dejar el país y refugiarse en México. 

 

Otro caso -también en Chile- se originó cuando el cantante colombiano, J Balvin, mencionó una colaboración con el músico, Chris Brown -quien recibió una condena en 2009 por los delitos de violencia física y psicológica contra la cantante Rihanna y, a principios de 2018, por ser fotografiado ahorcando a una mujer - además de que validó una publicación de Justin Bieber en Instagram donde éste manifestaba su respaldo a Chris Brown.

 

El artista colombiano tuvo que ofrecer disculpas públicas a sus fanáticos y, sin embargo, cientos de personas lo “cancelaron” como una forma de manifestar su descontento. Puede que suene bien, sin embargo podríamos preguntarnos si el reggaetonero colombiano  reflexionó sobre su acto o sólo fue una jugada de marketing para no perder más seguidores. 

 

En algunos casos, inclusive, la persona que es “cancelada” llega a tener más seguidores y vistas en sus contenidos a partir de los videos que producen para disculparse... y si los transmiten por YouTube terminan monetizando. Entonces, ¿qué perdieron?

 

¿”Cancelar” es la solución? Creo que una respuesta a esta interrogante la podemos hallar en otro caso polémico. Esto aconteció en Venezuela. las figuras involucradas: Los Amigos Invisibles y Lorena Orlando, de Jóvenes y sexys -y que ahora se hace llamar Hilandera. Los hechos: en su cuenta de Twitter, Hilandera escribió “Nadie quiere escuchar esto pero la verdad es que la música de Los Amigos Invisibles hizo un gran trabajo en perpetuar y fortalecer la cultura machista en Venezuela. ¿Son una banda arrechísima? Sí. Pero esa es la verdad”. 

 

Ante estas palabras, reconocidas figuras del medio musical venezolano mostraron su posición. Entre esas voces podemos encontrar la de Asier Cazalis, vocalista de Caramelos de Cianuro, quien comentó: “Hay gente que va hurgando en letras que se escribieron en el colegio hace 30 años, para comunicar su superioridad moral. Los AI lo que han hecho es darle alegrías a Venezuela”.

 

Mientras que la cantante, Laura Guevara comentó: “Yo amo a Los Amigos y siempre los voy a amar. Eso no quiere decir que no podamos revisarnos. Venimos de una cultura machista y misógina, y ese es un chip que compartimos hombres y mujeres. Y la única forma de cambiar eso es conversando, investigando, empatizando y RESPETANDO”.

 

En este sentido, Hilandera agregó que Los Amigos “son sólo una parte de muchas que han hecho que la cultura venezolana sea machista. Y bueno, seamos sinceros, sin importar el género musical ¿cuántas producciones no retratan a las mujeres como “objetos”?”

No creo que ellos hayan sido malévolos; ellos simplemente estaban hablando de su realidad y su forma de gozar la vida. Yo hablo de esto porque es lo que me compete, en mi rama de creación me llama la atención ver cuál es el mensaje que recibe la gente con lo que escucha. Me gusta ver más allá de lo que es escuchar y disfrutar”.

Una de las soluciones que mencionan las artistas es empezar a escuchar, con más atención, los productos musicales que llegan a nuestros oídos haciendo una crítica consciente del contexto en el que se ubican y cómo podrían perpetuar violencias o marginación en sectores ya de por sí marginados en la actualidad. También proponen buscar las alternativas y/o narrativas que ofrece el otro lado de la moneda, sin embargo, aún con esta posibilidad el papel del boicot cultural no se resuelve, el cuestionamiento continúa: “Cancelar” o no, he ahí el dilema.


 Wikipedia

https://www.cnnchile.com/tendencias/publico-chileno-castiga-a-j-balvin-pifiando-sus-canciones-tras-entregar-apoyo-a-chris-brown_20190506/

https://www.eluniversal.com/entretenimiento/80835/del-sexismo-funky-a-la-escucha-consciente-de-los-mensajes-musicales?fbclid=IwAR24v4nqT3-0JMEtx7aXD6ujc5rwTFGLCkHyZ8CH4tS6a9IuoHLJr4eO_Y4

Laura Martínez

Soy programadora del Departamento de Continuidad y Enlace de UAM Radio, y colaboradora del programa "Tu música en la radio". Me entusiasma conocer propuestas nuevas, experimentar y compartir mis experiencias. 

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