A ti te gusta la música

independiente, sólo que

llegaste veinte años

tarde.

 

Escrito por Eduardo González | 07 SEPTIEMBRE 2020


 Todo género musical que ha trascendido su época proviene de los circuitos independientes. ¿No lo crees? Perfecto. Duda, pero también investiga.

I

Probablemente puedas ser ese tipo de persona a la que le importa una mierda la historia que logró unir a cantantes del mundo mainstream (ese que tiene planeado cuántas arrugas debe llevar un pantalón o vestido) con proyectos del género de moda. Hoy en día la ecuación es bastante sencilla, sólo tienes que juntar un proyecto que tenga más de veinte años en la escena (Thalía, Ricky Martin, Shakira y un largo etcétera) con exponentes que podrían ser sus hijos (Natty Natasha, Maluma). Lo más probable (siempre hay excepciones) es que ninguna de esas "estrellas" conocieran, en el momento de su aparición, a los personajes y los acontecimientos que construyeron el camino para que compartieran el micrófono con esas nuevas voces.

Para que hoy una estación de radio pueda programar constantemente un reggaeton han tenido que pasar varios lustros. En un momento de la historia este género fue música independiente. Lo que comenzó a propagarse en fiestas clandestinas de Panamá y Puerto Rico dio un salto cuántico que aterrizó en las ondas hertzianas de las estaciones comerciales de toda Latinoamérica y el mundo. La clave aquí, como en la mayoría de los casos, ha sido construir, prefabricar o suavizar el mensaje hasta poder hacerlo masivo. Un poco de curiosidad dejará claro que es un fenómeno cíclico que tiene ejemplos en cualquier década donde la música ya era una industria.

II

Si hoy es el reggaeton, hace unas décadas fue el rap. Para quienes aún no superan los 20 años puede sonar familiar la colaboración de Taylor Swift con Kendrick Lamar en "Bad Blood". La generación que aún no cumple los 18 años ni siquiera había nacido cuando Jennifer López (sí, esa señora que salió en el último espectáculo de medio tiempo del Superbowl junto a Shakira) tuvo como invitado al rapero Ja Rule en una de sus canciones a inicios de siglo.

Ariana Grande, Katy Perry, Beyoncé o Lady Gaga tienen en común, entre otras cosas, dominar el mundillo pop en los últimos veinte años, colaborar en algún momento de sus carreras con algún rapero y reconocer la influencia de Mariah Carey quien, adivinaron, también trabajó a mediados de la última década del siglo pasado con otra figura importante en el mundo del rap, en este caso Old Dirty Bastard de Wu-Tang Clan. Lo peculiar es que algunas de aquellas mujeres ni siquiera habían ingresado a la primaria cuando eso sucedió.

En un momento de la historia el rap fue música independiente. Lo que comenzó a propagarse en fiestas clandestinas del Bronx dio un salto cuántico, también, que aterrizó en las ondas hertzianas de las estaciones comerciales de Estados Unidos y el mundo.

III

Cuando las guitarras aún parecían importantes dentro del negocio de la música Kurt Cobain, dicen, tomó una escopeta y se voló la cabeza. El año era 1994. Su ascenso fue el pináculo de toda una revolución sonora que surgió a finales de la década de los setenta en ciudades como Los Ángeles y Washington. En sus inicios se le conoció como una reinterpretación del punk inglés y neoyorquino de mediados de los setenta, de ahí que se le siguiera nombrando de la misma manera que la música hecha por los Sexy Pistols o The Ramones, pero con la llegada de la siguiente década los grupos decidieron agregarle más velocidad y se le comenzó a conocer como hard core. Para finales de esa década una nueva generación bajó la intensidad y su música comenzó a conocerse con el término grunge. En un momento de la historia el punk/hard core/grunge fue música independiente. Lo que comenzó a propagarse en conciertos clandestinos de Los Ángeles a Washington dio un salto cuántico -otro-, que aterrizó en las ondas hertzianas de las estaciones comerciales de Estados Unidos y el mundo.

IV

Los últimos diez años vieron florecer una serie de nuevos actos de música electrónica que fueron englobados dentro del concepto Electronic Dance Music o EDM, por sus siglas en inglés. Su proliferación comenzaría a dominar una parte del mainstream de la mano de festivales como Ultra o Tomorrowland. Pero la historia y consolidación de la EDM sería inimaginable sin dos acontecimientos importantes que se llevarían a cabo en la década de los setenta y ochenta.

En 1977, John Travolta bailaba al ritmo de los Bee Gees en Saturday Night Fever. La música disco para esa y futuras generaciones no podría describirse sin Tony Manero y sus pasos de baile. El reflejo de las luces en el techo por medio de una bola de espejos (o “bola de discoteca”) quedaría ligada a un momento específico de la historia. Pero la llegada de ese filme sólo fue una forma de sintetizar y edulcorar la realidad de un mundo donde la diversidad sexual encontró un lugar para poder mostrarse sin prejuicios. La música disco fue algo distinto a lo que esa película presentó. Serían las comunidades LGBT quienes le darían un nuevo significado a la pista de baile y pondrían en un estatus diferente a una figura que con el paso del tiempo se convertiría en algo natural para cualquier persona que quisiera salir a divertirse los fines de semana: el DJ.

Sin la irrupción de fiestas, que se prolongaban por largas horas o días en Philadelphia durante el primer lustro de la década de los setenta, cualquier exponente de lo que se conoce como EDM no sería lo que es hoy en día. La relevancia de esas figuras daría paso, una década después, a un segundo acontecimiento que sería definitivo: la realización y proliferación de fiestas clandestinas que se extenderían por varios días y que mundialmente serían conocidas como raves. Las diferencias sustanciales con las fiestas que una década antes se realizaban fueron una nueva ubicación geográfica y la cantidad de personas reunidas.

El nuevo epicentro estaba a miles de kilómetros de Estados Unidos. La nueva sede fue Inglaterra, pero rápidamente se extendería por toda Europa. Las personas ahora podían contarse por decenas de miles. El propósito seguía siendo el mismo: divertirse y bailar por horas, o días. En un momento de la historia, lo que después se conocería como música disco, fue música independiente. Lo que comenzó a propagarse en clubes nocturnos de Philadelphia dio un salto cuántico -uno más- que aterrizó en Inglaterra, y proliferó por Europa, para poco a poco adentrarse en sus estaciones comerciales y en las del mundo entero.

V

La música independiente es el lugar donde ocurren los cambios. Puede seguir subsistiendo como nichos específicos o lograr establecerse como un género dominante, pero su importancia no radica en el éxito. Es el motor constante de una industria que no se detiene y periódicamente sigue mutando. Cuando una fórmula se agota da paso a una nueva que puede cambiar radicalmente las formas o convertirse en una mezcla de algo ya escuchado, pero que irremediablemente tiene su inicio en la periferia. Adentrarse en el universo de la música independiente trae consigo el riesgo de lo desconocido. No es para toda la gente y menos para quienes prefieren permanecer inmóviles. Sin su existencia, la constante evolución de la música sería irremediablemente más lenta. Su presencia define posturas. Es una aventura que vale la pena experimentar, a menos de que lo tuyo sea llegar tarde a todo. 

Eduardo González

Comunicólogo, DJ de bodas, MC de habitación. Aficionado a cualquier tipo de música. No tengo aversión al reggaeton aunque la edad me impide perrear hasta abajo. Adicto a la intertextualidad. ¡Hágalo usted mismo!

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