Reivindicar

el acto de llorar

Escrito por Laura Martínez | 11 DIC 2019


 

"Y una lágrima bien llorada merece respeto por aquél que no la llora". Angélica Ortiz

Contener nuestras emociones y sus expresiones se ha vuelto algo casi premiado por la sociedad en la que vivimos. Presenciar un acto "transgresor" en este sentido, nos descoloca, incomoda y hasta enoja. Ver a los otros demostrar en público, sin filtro, lo que sienten, las emociones y sensaciones que atraviesan su corporalidad, invita a los testigos (o rehenes del momento) hacer oídos sordos, esquivar la mirada, evitar el contacto con la vida que acontece sin poder pausar o abandonarla voluntariamente.

 

Llorar es, como dice la poeta Jiseland en El infortunio de llorar en el metro y cómo se reacciona al estruendo, “[…] un acto sumamente violento. Para los demás. Les obligas, sin antes preguntar, a ser testigos de tu intimidad y a tragarse la incomodidad de verte derrumbarte…" Y a pesar de que es una experiencia que atraviesa a cada uno de nosotros en distintos periodos de nuestra vida, a veces negamos derramar lágrimas de dolor, tristeza, enojo y hasta de placer.

Poco conocemos del llanto o sollozo, se dice que los humanos son los únicos seres vivientes que lloran en respuesta a las emociones o al dolor1, y que existen, al menos, tres tipos de lágrimas: aquellas cuya función es mantener lubricado y libre de polvo al ojo; otro tipo es el reflejo de un estímulo físico como cuando algún irritante entra al ojo y por último, la lágrima producida por el amplio espectro de emociones que vivimos.

En palabras del investigador de la Unidad de ciencia de la BBC, Adam Rutherford, las causas del por qué lloramos es un tema del cual aún no se ha investigado lo suficiente: "No se sabe por qué lloramos en respuesta al dolor físico o a un trauma emocional o incluso en momentos de felicidad. Pero ya que somos seres sociales, puede ser una forma de manifestarle a los demás nuestro estado mental y buscar consuelo".2

"¿por qué lloras tanto, má?" es la pregunta que hace Nadia López García, poeta tu´un savi, en Ojos3, al verla llorar en repetidas ocasiones y diferentes contextos.

"Y ella me decía, así, sin dejar de llorar:

porque nosotras tenemos ríos adentro

y a veces se nos salen, tus ríos aún no crecen,

pero pronto lo harán.

Ahora lo comprendo todo,

ahora tengo ríos en mí

y en mis ojos". 

Llorar, hasta en el espacio privado, delante del otro parece casi un acto revolucionario. Existe un sinnúmero de canciones que hablan de esta acción, de esconderla y, con ella, todo lo que se atraviesa. Podemos citar, por ejemplo, Lágrimas negras de Compay Segundo:

"Sufro la inmensa pena de tu extravío,

siento el dolor profundo de tu partida

y lloro sin que sepas que el llanto mío

tiene lágrimas negras,

tiene lágrimas negras

como mi vida…"

Entre los compositores y músicos que han tocado este tema, Luis Alberto Spinetta en “El mar es de llanto” de su álbum Silver Sorgo, habla sobre este momento de intimidad desde una perspectiva compartida pero, al mismo tiempo, un poco distante.

Llorar o presenciar en el otro este acto, nos acerca en cierto momento a nuestra propia vulnerabilidad. Reivindicarlo es darle lugar a las emociones y sensaciones que nos atraviesan y nos hacen humanos. La poeta wixárika, Angélica Ortiz, plasma estos momentos y razones en su poema Estoy llorando4.

"….No hay día especial para llorar.

Por eso, hoy lloro, mientras puedo,

mientras sé llorar…"

 


1 https://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/05/160531_salud_lagrimas_llorar_efectos_salud_mes
2 Ibídem
3 https://circulodepoesia.com/2018/06/xochitlajtoli-nadia-lopez-garcia/
4 https://www.google.com/amp/s/masdemx.com/2016/03/4-poemas-huicholes-de-angelica-ortiz-que- debes-conocer/amp/ 

Laura Martínez

Soy programadora del Departamento de Continuidad y Enlace de UAM Radio, y colaboradora del programa "Tu música en la radio". Me entusiasma conocer propuestas nuevas, experimentar y compartir mis experiencias.

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