Reggaetón.

Una opinión sesgada

Escrito por Eduardo González | 06 NOV 2019


“Enemistarme con un género musical me da mucha pereza”: Jorge Drexler

El reggaetón tiene más de tres décadas de existencia, pero para un amplio sector de oyentes es un género del que aún dudan si logrará sobrevivir unos cuantos años más. Esa gente desconoce el origen y las mutaciones que con el paso del tiempo ha sufrido y prefieren quedarse con la canción y el grupo del momento. No es lo más recomendable cruzarse de brazos ante un fenómeno que paulatinamente se ha convertido en una nueva forma de construir un imaginario latinoamericano, pero debemos reconocer que la forma de consumir música no es la misma para todos.

Trazar un camino único e inequívoco de su origen y posterior desarrollo no es una tarea sencilla y, dicho sea de paso, no es la intención de este texto. Algunos historiadores y críticos musicales sitúan Jamaica como el lugar donde todo comenzó, pero también hay quienes señalan Panamá y Puerto Rico. El principal problema para encontrar una historia que satisfaga a todos los involucrados radica en su evolución (aunque sus detractores renieguen de ello con más fanatismo que argumentos).

Pese a no existir un consenso, la triada Jamaica-Panamá-Puerto Rico es una constante en las diversas historias que se cuentan del género. Nombres como Renato y las cuatro estrellas, El general, Tego Calderón o Shabba Ranks podrían resultar extraños para quienes bailan al ritmo de Maluma o J Balvin, pero sin su aparición esta historia sería muy diferente. Tampoco puede obviarse la influencia musical que el hip hop ejerció en los primeros proyectos de un género que hoy en día se ha convertido en el más escuchado en las plataformas de streaming. No todo era sexo, sudor y baile.

A principios de la década de los noventa las temáticas sociales dentro del reggaetón estaban presentes pero lo hacían de un modo parecido a lo que la salsa de Nueva York en los setenta y el gangsta rap de la década de los ochenta hizo: historias donde los personajes que se encontraban fuera de la ley no eran vistos con total desagrado. La distinción entre apología de la violencia y libertad de expresión no estaba del todo definida y esa fue la razón por la que un acontecimiento en Puerto Rico cambiaría drásticamente la evolución del género.

 

La campaña “Mano dura contra el crimen” que se instrumentó en la isla durante 1995 constituiría un hito fundamental, no el único, para escuchar las temáticas que hoy en día podemos encontrar en este género. Al igual que el gangsta rap en Estados Unidos, el reggaetón en Puerto Rico fue señalado como el responsable de los males de la juventud y dicha campaña contemplaba su prohibición como parte de la solución. Pero mientras que los proyectos estadounidenses vendían millones de discos y podían pagar a los abogados para defender sus derechos, en Puerto Rico la situación distaba de parecerse.

El género lograría sobrevivir, pero tendría, paulatinamente, que edulcorar su contenido. Las alusiones o referencias a personajes controversiales perderían relevancia ante las historias de amor-desamor y las connotaciones sexuales se convertirían en la temática más recurrida. Paradójicamente, la solución terminaría convirtiéndose en un problema años después.

Si bien, el sexo y la visión misógina y machista hacia la mujer y la comunidad LGBTI estuvieron presentes prácticamente desde sus primeros momentos, las miradas fueron posándose lentamente, conforme el número de reproducciones crecía y se expandía a otros países de Latinoamérica y Estados Unidos. Fue así que empezarían a confluir voces en contra de las temáticas abordadas dentro del género.

Los ejemplos de músicos detractores no son pocos. La industria musical latinoamericana ya conoce las posturas de Pablo Milanés, Marco Antonio Solís, Juanes, Aleks Syntek y un largo etcétera. Son unos cuantos ejemplos recientes de que un sector de la industria no aprueba el género y sus estereotipadas liricas. Es claro que las letras machistas y misóginas de muchos de sus exponentes no pueden ni deben de normalizarse, pero ¿el problema realmente son sus letras?

Si tu respuesta es afirmativa espero seas congruente con esa postura, hayas levantado la voz y señalado puntualmente los miles de ejemplos que en la música pop(ular) tienen esa visión arcaica. Espero que Pablo Milanés señale la cosificación de Una de dos, original de Luis Eduardo Aute, de la misma manera que lanza declaraciones tan llamativas como “el reggaetón carece de valor musical y calidad poética”.

Si tu respuesta es negativa espero tengas un argumento de peso para aseverar algo así. Ocultar los rastros evidentes de misoginia y cosificación dentro del género es difícil de sostener. No se trata de culpar a unos y perdonar a otros. Ni siquiera se trata de encontrar culpables, lo fundamental son los argumentos.

La historia de la música pop cuenta con suficientes ejemplos para sospechar si el clasismo también juega un papel al momento de juzgar música de Don Omar o Tito El Bambino. Siguiendo los argumentos de sus detractores, proyectos más cercanos al rock que retratan o describen actitudes misóginas, machistas y que han cosificado a la mujer deberían de estar también dentro de su mira, algo que dista de emparentarse con la realidad de esos músicos que han fijado su postura en contra de la obra de Wisin y Yandel o Nicky Jam.

La gente que aprecia la obra de The Beatles (Run for your life), Rolling Stones (Under my thumb, Brown sugar), The Police (Every breath you take) Café Tacvba (Ingrata), Los Tres (No me falles), Babasónicos (Putita) y un largo etcétera debería estar cuestionándose si ese discurso que mira a la mujer como objeto llegó a su vida por medio de lo que se conoce como rock y su diversos subgéneros o fueron una serie de cantantes latinoamericanos los responsables de que se hayan normalizado esas conductas.

Quizá el ejemplo más claro de que el clasismo está presente dentro de la crítica hacia el reggaetón pueda entenderse si observamos su contraparte femenina y queer. Si el clasismo no formara parte fundamental dentro de la crítica hacia este género, esa gente que no tolera su contenido debería celebrar y abrazar proyectos que están reconfigurando sus temáticas, de lo contrario, su crítica sólo se convertiría en una opinión muy sesgada y fanática carente de argumentos y llena de prejuicios ¿Tienes a Sailor Fag, Ms. Nina o Tomasa Del Real en tus playlists o aprovechas cualquier oportunidad para subrayar sus carencias liricas? La respuesta es tuya.           

 

Eduardo González

Comunicólogo, DJ de bodas, MC de habitación. Aficionado a cualquier tipo de música. No tengo aversión al reggaeton aunque la edad me impide perrear hasta abajo. Adicto a la intertextualidad. ¡Hágalo usted mismo!

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar