Una historia profana

Escrito por Israel Téllez Alcántara | 18 OCT 2019


Imaginemos la escena –si es que así sucedió: un garaje, sótano o cuarto de ensayo en Nueva Jersey, Estados Unidos, en 1990. El death metal vivía una especie de clímax por doble partida gracias a la escena de Florida y a las bandas suecas.

Esto es el punto de discusión de dos músicos: John McEntee y Paul Ledney, fundadores de Incantation. El primero, guitarrista, quiere seguir el camino de sus coterráneos Obituary, Atheist, Morbid Angel, Deicide, Nocturnus y un largo etcétera.

El segundo, baterista, no está de acuerdo con la dirección musical. Quiere algo más oscuro y decide separarse. Incantation, ya sin tres de sus miembros originales, saca en agosto de ese año el EP Entrantment of Evil, el inicio de una carrera aún activa, que ya suma casi tres décadas y once discos de estudio.

Paul Ledney, en tanto, comienza a trabajar en su proyecto. No quiere hacer death metal, quiere algo más en el estilo de Venom, Bathory y Hellhammer, ese tipo de música que desde hace algunos años muchos llaman black metal.

Sólo que la idea es hacerla aún más extrema, pero de manera auténtica y no como lo que hacían un puñado de jóvenes en escandinavia quienes, casi a la par, tomaban el estandarte de un movimiento llamado Inner Circle o Black Metal Mafia.

Como émulo a la rebelión en el cielo, esa que nos cuenta la religión cristiana, las ideas musicales de Paul Ledney hicieron eco en el guitarrista Brett Makowski y el bajista Aragon Amori, también miembros de Incantation en aquel 1990.

De esta forma nació Profanatica –aunque años después Ledney reconoció que decidió dejar Incantation por que no podía seguir le el ritmo de trabajo a John McEntee.

Autoproclamados como la banda más blasfema del mundo, la banda grabó tres demos hasta que en 1991, apareció su primer trabajo llamado Weeping in Heaven, con sólo dos canciones: Heavenly Father y el tema que bautizaba al EP.

Poco más de 4 minutos en total, suficientes para convencer con una fórmula sencilla de música pesada y oscura; voces guturales y sombrías, guitarras que recreaban una atmósfera tensa y unos extraños cambios de ritmo provocados por el ensamble del bajo y la batería que bien podrían causar una arritmia a los oídos débiles.

Del disco, cuyo sonido era sucio y que parecía una producción casera, sólo se publicaron quinientas copias en vinilo de siete pulgadas y el rumor que se leía en fanzines era que las copias originales iban manchadas por una mezcla de sangre y semen.

Esta imagen torcida les valió para que un incipiente sello francés llamado Osmose Productions, con solo cuatro discos editados –el primero, obra de unos suizos casi desconocidos llamados Samael- les ofreciese grabar un LP.

Pero esta producción se convirtió en un split; es decir, un disco compartido junto a Masacre, una banda que, en un principio, Paul Ledney confundió con la legendaria agrupación death metalera liderada por Kam Lee.

Cuando Ledney se dio cuenta que en realidad se trataba de una banda colombiana, trató de frenar la aparición del split, aunque finalmente cedió y por casi dos décadas ese fue el único trabajo formal de la banda.

Entre 1990 y 1992, su primer periodo de vida, Profanatica deambuló por los circuitos subterráneos, remarcando que no había banda más blasfema que ellos y denostando a los grupos noruegos y suecos a quienes Paul Ledney llamaba “retardados”.

De las pocas entrevistas que este hombre concedió, destaca una reproducida por el sitio alemán Voices From the Darkside, en la que insiste en que eran tan especiales que no querían salir de tour y ni convertirse en una de esas bandas que graban quince discos.

Pasaron dieciséis años entre su EP debut y su primer trabajo formal, Profanatitas de Domonatia. Algo le sucedió a Paul Ledney –algunos le llaman madurez- pues con Profanatica editó cuatro EP: The Years of Pestilence y The Grand Masters Session (2010), así como Sickened by Holy Host (2012) y Altar of the Virgin Whore (2018).

Más aún, sin contar recopilaciones y un split, “traicionaron” a sus ideales y publicaron tres trabajos de larga duración: Disgusting Blasphemies Against God (2010), Thy Kingdom Cum (2013), The Curling Flame of Blasphemy (2016).

La ironía de todo esto llegó el viernes 11 de octubre de 2019 cuando apareció su quinto álbum, Rotting Incarnation of God, un trabajo excepcional que deja en claro que Paul Ledney al menos es coherente con su proyecto musical.

Si al igual que yo se han preguntado cómo hubiesen sonado los discos de las bandas de black metal de finales de los años ochenta y principios de los noventa con una mejor producción y un estudio de grabación propio, Rotting Incarnation of God es la respuesta.

Un álbum crudo y sombrío con un buen sonido que, no obstante, mantiene ese halo sucio y podrido de los noventa, resultado de la dirección musical liderada por la batería reptante de Ledney cuya voz, además, parece salida de las entrañas de la tierra.

Mención aparte merece el trabajo realizado en las guitarras por Adam Besserer, quien refrescó la franja sonora de Profanatica, sin perder la esencia por momentos caótica y angustiante, pero siempre turbia y sombría, algo que, desafortunadamente, le resta protagonismo y casi vuelve invisible al bajo ejecutado por Richard Olsen.

Liturgy of Impurity, Broken Jew y Rotting Incarnation of God son los temas que lo dejan en claro, aunque cortes como Tithing Cunt, Eucharist in Ruin o Sacramental Cum también aportan esa pestilencia sónica y lírica llena de letras blasfemas y anticristianas, a pesar de que el Paul Ledney ha reiterado muchas veces no ser satanista...

Publicado por la discográfica francesa Season of Mist, este bien podría ser uno de los mejores trabajos del género en este 2019. Y dentro de toda su coherencia musical habría que preguntarle a Paul Ledney qué piensa ahora de que su banda sea parte de un sello conformado por agrupaciones forjadas principalmente en esas escenas que veinte años atrás él mismo denostó.

Hace once meses lo vi en la azotea de una famosa sala de conciertos en Barcelona, en donde Profanatica se presentó junto a Rotting Christ y Watain. Estaba a menos de un metro de distancia, descansando después de haber concluido su set. Quise preguntarle su opinión o sentimiento de ser el grupo abridor de una banda sueca. Preferí no hacerlo, pues hay demonios que jamás deben ser despertados. 

 

Israel Téllez Alcántara

Periodista, redactor, escribano y, últimamente, locutor y productor de la serie "El ojo de la bruja"en UAM Radio. Metalero de por vida, pero no soy "trve". Soy fan de Howard Phillips Lovecraft, Rod Serling y Eulalio González "Piporro". Me da miedo La Llorona, aunque me gustaría entrevistarla. Si me preguntas qué prefiero, Beatles o Stones, mi respuesta es que en la música solo hay dos tipos de bandas: las malas y Black Sabbath.

Comentarios  

0 #3 Lesiconee 21-10-2019 19:37
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+1 #2 Fredy 19-10-2019 14:03
Excelente todo el trabajo que realizas, yo la verdad no tengo tiempo de leer pero tus temas y publicaciones me hacen que me haga tiempo para hacerlo.. sigue así. Y fuerte abrazo desde la ciudad de México.
0 #1 EllSmubre 19-10-2019 03:43
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