¿Exposición de cultura

o vitrina comercial?

Escrito por Carlos Urbano Gámiz | 07 FEB 2020


  

Con el paso de los años la música se ha convertido en un elemento -comercial- recurrente en los grandes eventos deportivos lo que ha ido develando, poco a poco, la preocupante disminución de figuras históricas de gran cartel y, que el hecho de tener más plataformas de difusión y, por ende más intérpretes, no garantiza, necesariamente, calidad y competencia.

 

 

 

A las generaciones contemporáneas les resultará normal el ver un evento deportivo de impacto mundial ligado -de una u otra forma- a un espectáculo musical de gran producción, pero no siempre fue así. En nuestros días, el show del medio tiempo del Super Bowl representa uno de los momentos más esperados del partido en primer lugar, por la presentación musical y, también, porque muchas marcas pagan millones de dólares para anunciarse en el evento y dar el banderazo de salida a sus campañas publicitarias, sabiendo la cantidad de espectadores que tienen en todo el globo terráqueo (en 2020 se calculó la audiencia del partido en 103 millones de espectadores... ¿te imaginas lo que eso vende?)

Este año la estafeta la llevaron Shakira y Jennifer López en lo que fue denominado como “girl and latin power”, aunque no todo fueron halagos: las críticas giraron en torno a la calidad de la presentación, pasando por la “cosificación de la mujer”, considerarlo “un show obsceno y que atenta contra los valores familiares” (https://us.marca.com/claro/futbol-americano/nfl/super-bowl/2020/02/04/5e38c7bce2704ef17d8b45e2.html), hasta destacar que el punto era descubrir cuál de las dos intérpretes destacó más y qué hacían allí Bad Bunny y J Balvin.

¿Será que esto ocurre cuando se sacrifica “calidad” por “llenar un espacio”? ¿Acaso ya no existen figuras que puedan estar a la altura de nombres como Michael Jackson, Ella Fitzgerald, The Who, Los Rolling Stones, Prince, James Brown, The Blues Brothers o Stevie Wonder?, sólo por citar algunos que también han estado en el “show del medio tiempo”. ¿Resulta necesaria y rentable toda la inversión que se lleva la producción para menos de 15 minutos? -en particular, esta edición tuvo un costo de 13 millones de dólares. (https://www.mediotiempo.com/futbol-americano/nfl/cuanto-costara-el-espectaculo-del-medio-tiempo-del-super-bowl-liv)

Aun así, la importancia que tiene este espectáculo en algunas ocasiones resulta más trascendente que el partido convocante ya que, con frecuencia, estamos más preocupados por la lista de canciones que se interpretaron, los artistas invitados o los cambios de vestuario en lugar del resultado final del juego; más aún, se encuentra mayor cantidad de información vertida en las secciones de espectáculos sobre ese, casi, cuarto de hora, que en la de deportes, con respecto al juego completo.

Evidentemente, no queda todo en el fútbol americano, cada quien busca “jalar agua para su molino” con lo que se considere más rentable y atractivo: en 2018 para la Copa del mundo de la FIFA, celebrada en Rusia, el cantante británico Robbie WIlliams, otrora integrante de la “boy band” Take That, encabezó la ceremonia de inauguración y, los también británicos, Muse le dieron la música a los Juegos Olímpicos de Londres en 2012.

Tampoco las cadenas televisivas, dentro de la cobertura que realizan de estos eventos deportivos, quedan exentas de recargarse en la música para conseguir más adeptos; tal fue el caso de la cadena venezolana TeleSUR la cual, para el Mundial de fútbol de Brasil 2014, recurrió al compositor e intérprete Gustavo Santaolalla para crear el tema “De zurda” -cargado de ideología política y golpes al balón-, acompañado por los colombianos Choc Quib Town, el argentino Gustavo Cordera, ex-vocalista de Bersuit Vergarabat, y la mexicana Julieta Venegas, sampleando al cronista deportivo Víctor Hugo Morales y todo para enmarcar el hecho de que el ex futbolista Diego Armando Maradona, era comentarista invitado. Ya ni qué decir de lo que realizan las cadenas nacionales por atraer audiencia.

Y son, tan sólo, unos ejemplos muy recientes.

Estas presentaciones, muchas veces, llegan cargadas de polémica y se les convierte más en chisme por lo que las envuelve, que por el resultado per se. Por ejemplo, de nueva cuenta, la colombiana Shakira fue la responsable del tema del Mundial de futbol de Sudáfrica en 2010 y las críticas llovieron al Comité organizador al considerar que ella no era la persona idónea para representar la cultura y los valores sudafricanos con una canción que se debatía entre el amor y el odio de la gente: el “Waka-waka” (y que resurgió recientemente en el Super Bowl 2020).

Otro ejemplo es el del puertorriqueño Ricky Martin, designado para interpretar el “himno” de Francia 98, en inglés y en español... siendo los galos tan celosos y protectores de su idioma, se antepuso la imagen del intérprete latino.

Finalmente, algo que queda claro es que eventos de esta magnitud habrá año tras año y las dudas que les acompañarán ahora serán las relativas a si habrá nombres que satisfagan a las federaciones deportivas, patrocinadores y audiencias y si los organizadores ponderarán las culturas nativas para encontrar mayor atracción y espectadores o seguirán contratando “nombres” que sobrepasan el propio “producto local”.

Por lo pronto, “al César lo que es del César” y adiós, que les vaya bien.

Carlos Urbano Gámiz

Egresado de la carrera de comunicación social por la unidad Xochimilco de la UAM,      participante activo en el medio radial desde hace 20 años, melómano de tiempo completo, locutor y realizador del programa SAMPLER de esta misma frecuencia.

Actualmente, jefe del departamento de continuidad y enlace en UAM Radio 94.1 FM, e integrante de esta institución desde el año 2011 junto con el nacimiento de la estación.

 

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